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  Trasplante hepático

Hay determinadas enfermedades del hígado, agudas o crónicas, que evolucionan hacia una insuficiencia hepática. Cuando esta situación avanza y se hace irreversible, el trasplante es la única alternativa terapéutica para la mejora y la supervivencia de los enfermos.

En algunos tumores que no se pueden extraer mediante una operación quirúrgica, el trasplante hepático es la única posibilidad de tratamiento.

El hígado es un órgano con una elevada capacidad de regeneración (sus células se multiplican rápidamente), por lo que se puede transplantar todo el hígado o sólo una parte de éste. Así, en algunos casos, del hígado de un donante adulto se pueden beneficiar dos receptores, generalmente un adulto y un niño.

En Cataluña se hacen alrededor de 200 trasplantes hepáticos cada año.

Funciones del hígado
· Participa en todos los procesos que producen la energía que el organismo necesita (metabolismo).
· Es la reserva más importante de glucosa (azúcar), la principal fuente de energía de las células del organismo.
· Actúa en la eliminación de sustancias nocivas para el organismo.
· Produce factores necesarios para la correcta coagulación de la sangre.
· Produce la bilis, que interviene en el funcionamiento del aparato digestivo (digestión, absorción y eliminación de alimentos).
· Tiene una función defensiva, especialmente contra las infecciones de origen intestinal.

Enfermedades que producen una insuficiencia hepática
En mayoría de casos, la insuficiencia hepática se produce al final de un proceso crónico, de larga duración, que conduce a una cirrosis (las células del hígado sufren una serie de alteraciones que impiden el funcionamiento correcto del órgano). Esta situación sólo afecta a una parte de los enfermos.

Las causas más frecuentes de cirrosis son de origen vírico (hepatitis crónicas), alcohólico y la obstrucción crónica de las vías biliares (principalmente en niños). Otras causas menos frecuentes son la intolerancia a los propios tejidos (autoinmunidad) y las metabólicas o hereditarias.

Las enfermedades hepáticas agudas que pueden requerir un trasplante son extraordinariamente infrecuentes. Se producen en el curso de hepatitis agudas causadas por virus, tóxicos, medicamentos, enfermedades metabólicas u otras aún más excepcionales.

Las enfermedades hepáticas agudas que se convierten en crónicas pueden, con los años, evolucionar hacia una cirrosis. Sólo algunos de los enfermos con cirrosis desarrollarán descompensaciones de su enfermedad y un grado de insuficiencia hepática importante que requiera un trasplante.

Medidas de prevención
Aunque la insuficiencia hepática irreversible se puede tratar con un trasplante, lo mejor es que no se llegue a esta situación.

Hay una serie de medidas de prevención que pueden contribuir a evitar o retrasar la aparición de la enfermedad:
· Vacunación contra los virus de la hepatitis B y A en grupos de riesgo. El médico tiene que decir en qué casos está indicada (recién nacidos de madre portadora del virus B, usuarios de drogas inyectables, viajeros a zonas con elevada frecuencia de hepatitis A, etcétera).
· Evitar las situaciones de riesgo que pueden conducir a infecciones víricas, como la hepatitis y el SIDA: medidas higiénicas (utilizar jeringas de un solo uso) en la administración de sustancias inyectadas, protección en las relaciones sexuales de riesgo (utilizar el preservativo), etcétera.
· Consumo moderado de bebidas alcohólicas o abstención en los casos en que ya se haya iniciado el desarrollo de cirrosis.
· Seguimiento y control médico de las personas que padecen una hepatitis crónica en cualquier momento de su evolución.
· Administración del tratamiento antiviral en las hepatitis B y C.
· En caso de una enfermedad hereditaria, detección y tratamiento de otros familiares que puedan estar afectados.
· Prevención y tratamiento de las descompensaciones de la cirrosis hepática.
· Adoptar un estilo de vida saludable, con la práctica de ejercicio regular y una dieta equilibrada.



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