La investigación biológica en la Antártida
empezó hace unos 100 años. Los trabajos de las diferentes
expediciones que han viajado a la Antártida han permitido
conocer la biología marina de este continente. No sólo
ha sido el estudio de las diferentes especies de animales y vegetales,
sino también los estudios del océano los que han permitido
identificar la cadena trófica marina.
El ecosistema terrestre es simple, hay pocas plantas y animales
que puedan sobrevivir. Pero el ecosistema marino es más diverso.
Las temperaturas varían menos y las especies aumentan su
diversidad. Aunque no podemos olvidar que hay una conexión
entre los dos ecosistemas por parte de los pingüinos, focas
y pájaros.
Los suspensívoros bentónicos son animales sésiles
(que están fijados al substrato). Se alimentan de las partículas
que llevan las corrientes; por lo que dependen de las partículas
y los organismos que se encuentran resuspendidos en el agua. Aunque
tengan esta dependencia, son los organismos más abundantes
y comunes en los fondos marinos del mundo. En la Antártida
estos organismos ocupan, en muchos lugares, todo el fondo marino,
cubriendo extensiones de miles de metros cuadrados. Las esponjas,
corales, gorgonias, actinias, briozoos, tunicados, poliquetos, etc,
son suspensívoros bentónicos.
En la Antártida, las comunidades de suspensívoros
bentónicos presentan una gran variedad de especies, con diferentes
formas de alimentación, tamaño, etc. Por ejemplo,
las gorgonias tienen forma de árbol y las esponjas bombean
constantemente agua para capturar partículas alimenticias.
Como os hemos contado estos animales son sésiles. Esta situación
tan pasiva ante el alimento da que pensar que son animales que escasean,
pero en realidad representan el 50% de la biomasa de las comunidades
litorales y plataformas continentales. Las poblaciones de suspensívoros
bentónicos basan su alimentación en la captura de
presas y partículas transportadas por las corrientes cerca
del fondo.
Aunque se puede pensar que durante el periodo de inactividad en
los fondos antárticos (el invierno austral), estos organismos
deberían tener bajas tasas de crecimiento y de captura, no
es así, como se demostró en un estudio realizado por
miembros del equipo a partir de los resultados obtenidos en la campaña
del 2000, donde pudieron demostrar que, durante el invierno antártico,
la vida continua casi activa cerca del fondo, aún habiendo
la cobertura de hielo y las bajas temperaturas. Esto es debido,
a que las partículas alimentarias depositadas en el fondo
durante el verano (estación productiva) no se descomponen
inmediatamente, sino que debido a las bajas temperaturas su valor
nutritivo se mantiene y las corrientes hacen que el material quede
en resuspensión y haya transporte de este material, aunque
la superficie esté cubierta de hielo. Con todos estos estudios
de los suspensívoros bentónicos se ha podido observar
la importancia de estos organismos y compararlos con los bosques
terrestres y se ha hipotetizado su influencia en la regulación
de la materia y energía en los ecosistemas marinos; tal y
como los bosques influyen sobre la biosfera.
Aunque el núcleo del huracán ya ha pasado, la tranquilidad
se ha terminado por la noche, mientras continuábamos nuestro
viaje hacia las islas Sándwich, en Georgia del Sur. Hay vientos
del norte y el mar está movido, con olas laterales de hasta
10 metros, y el Polarstern ha vuelto a moverse. Esta vez no ha pasado
casi nada, pero no podemos negar que todos ya volvíamos a
estar un poco mareados.