Mensaje 19: Volvemos a Burdwood Bank y pasamos por el
Drake.
Ahora volvemos a estar en Burdwood Bank. Recogeremos las trampas
que se perdieron en la ida, aunque para llegar hemos pasado por
el Drake Passage.
Como ya os habíamos contado en otras ocasiones, el Océano
Glacial Antártico es el mar que rodea la Antártida.
Este océano tiene unas características especiales
que dan a pensar que es un océano aislado, como si tuviera
una barrera física que lo separara de los demás mares.
Pero esto no es así, aunque tiene unos parámetros
físicos y biológicos que le dan un carácter
especial. Por ejemplo, su salinidad es mucho más elevada
que en zonas tropicales y tiene unas temperaturas también
diferentes, que hacen que sea un océano diferenciado y con
una clara influencia sobre los demás océanos del mundo.
El Océano Glacial Antártico tiene su máxima
extensión hacia la zona del Sur de América, en Tierra
de Fuego. Esta es conocida como el Paso de Drake (descubierto en
1578 por el explorador inglés Francis Drake) y separa el
continente Antártico de Sudamérica. Este paso o estrecho
es una zona tormentosa de 640 km de ancho y 800 km de longitud.
En esta zona hay vientos fuertes que se desplazan en el sentido
de las agujas del reloj y que suponen una gran dificultad para la
navegación. También es importante porque une por mar
el océano Atlántico y Pacífico. Pasando por
el estrecho, al Suroeste, había centros de tormenta que podían
dar lugar a un remolino, pero han perdido fuerza y hemos pasado
el Drake con vientos de 8Bft. El Polarstern se ha movido poco, porque
navegar en un mar sin la presencia de icebergs ha permitido utilizar
los estabilizadores, y el mal tiempo ni lo hemos notado. ¡Esto
siempre gracias a los meteorólogos que llevamos en el barco!
Como quizás sabéis, la Antártida es un continente
Patrimonio de la Humanidad, que no pertenece a ningún país
y donde básicamente se investiga. Es interesante hacer investigación
en la Antártida, porque es de las partes del mundo menos
afectada por la acción del hombre. Los primeros descubrimientos
en la Antártida suscitaron controversias, bien por las demandas
territoriales como por la nomenclatura geográfica. En la
primera mitad del siglo XX, muchos Estados realizaron exploraciones
antárticas sin efectuar demandas territoriales formales.
A finales de este mismo siglo, muchos países tienen una actividad
intensa en la Antártida, de carácter comercial y científico,
pero también de carácter político. Como hemos
comentado anteriormente, actualmente ningún país tiene
soberanía sobre la Antártida, pero hay reclamaciones
territoriales. El Tratado Antártico, firmado en 1959, paralizó
las reclamaciones y declaró que no serian admisibles en el
futuro ( podéis ver el Tratado Antártico, en el apartado
de Documentos). Muchos territorios han sido reclamados por Argentina,
Australia, Chile, Francia, Gran Bretaña, Nueva Zelanda y
Noruega. Algunas de las tierras son reclamadas a la vez por Chile,
Argentina y Gran Bretaña (mirad el mapa que os adjuntamos).
Otros intentan ocupar el territorio poblándolo para poder
reclamar su propiedad. Aunque el tratado funciona bien, el continente
Antártico padece constantes amenazas; el turismo ha aumentado
mucho en los últimos años, las exploraciones geológicas
tampoco disminuyen, hay basura acumulada en las bases,...
Por este motivo, y por muchos otros, el Tratado Antártico
designó ciertas áreas de la Antártida como
protegidas, para conservar la zona. Por este motivo, hay zonas especialmente
protegidas, que son aquellas que por su carácter excepcional
y por su singularidad ecológica es necesario conservar. Son,
por ejemplo: Isla Powell (Islas Orcadas del Sur), Isla Verde (islas
Berthelot, en la Península Antàrtica) y las zonas
de especial interés científico, que se han designado
para evitar que el interés sobre este territorio pueda afectar
a las áreas donde se desarrollan proyectos de investigación
científica. Estas serían, por ejemplo: Península
Byers (Isla Shetland del Sur), Península Potter (Isla Shetland
del Sur),
Es por ello tan importante como necesario seguir protegiendo la
Antártida, para preservar un continente de incalculable valor
para el planeta.