Después de una semana de navegación, nos hemos parado
en la isla de Bouvet, ya situada en el trayecto hacia la Antártida. Los
fondos marinos de estas islas han estado escasamente estudiados debido a que no
se ha concedido ningún permiso para su exploración desde
hace más de 25 años.
Las islas pertenecen a Noruega, y esta vez sí que se ha permitido
su
exploración. Estamos en medio de dos jornadas del duro trabajo
de cuyos
resultados os informaremos pronto (por favor, consultad el mensaje
5 de la
web del 2000). La primera impresión es que se trata de fondos
marinos muy
ricos en especies y que nos recuerdan los fondos marinos del Mar
de
Weddell, hacia donde nos dirigimos. Allí volveremos a encontrarnos
con uno
de los ecosistemas marinos de mayor diversidad biológica
de nuestro
planeta. Estamos ansiosos por llegar, pero antes permitidnos que
comentemos
algunos aspectos sobre la biodiversidad de los fondos antárticos.
El hecho de que la riqueza específica siga un gradiente
negativo desde la
zona ecuatorial hacia los polos ha sido uno de los paradigmas de
la
biodiversidad marina mundial. Numerosas evidencias han contribuido
a
consolidar este paradigma, especialmente en los ecosistemas terrestres.
Una de estas evidencias se basa en que la vida se puede desarrollar
con
mayor rapidez y amplitud en ambientes cálidos y tropicales
que en las
duras condiciones ambientales que rigen los sistemas polares. Pero
en las
últimas décadas, el descubrimiento en las plataformas
continentales
antárticas de unas comunidades biológicas extremadamente
ricas, tanto en
número de especies como en biomasa, ha obligado a cambiar
la rigidez del
paradigma mencionado. Hoy en día se conoce que los fondos
marinos del Mar de Weddell o el Mar de Ross, por ejemplo, pueden compararse en términos
de
biodiversidad a un arrecife coralino o a las ricas comunidades bentónicas
mediterráneas.
La fauna terrestre antártica es muy escasa, ya que tan sólo
unas pocas
especies de insectos sobreviven en el área de la Península,
además de las
aves -los habituales pingüinos son aves marinas-. Lo mismo
ocurre con la
flora, de la que los líquenes son los mejores representantes.
En general,
la vida en la Antártida se desarrolla mayoritariamente en
el agua de mar y
alcanza su máximo esplendor en los fondos de las plataformas
continentales. Algunas de estas zonas, en que la biomasa puede alcanzar
más de 1 Kg en peso húmedo por m2, están dominadas
por organismos sésiles
como esponjas, gorgonias, briozoos y ascidias. Las últimas
estimaciones que se
han hecho, sitúan en estos lugares alrededor de unas 6.500
especies
conocidas de la macrofauna marina bentónica y unas 1.500
de la columna de
agua. Esta elevada diversidad se ha intentado explicar en base a
diferentes causas históricas, ecológicas y biogeográficas.
Entre las
últimas, la atención se ha centrado en determinar
el origen de esta fauna, para lo cual se han formulado distintas teorías.
Entre las regiones australes de nuestro planeta, el arco de Escocia
y Mar
de Weddell comparten una de las más complicadas historias
tectónicas. Su
dinámica ha propiciado una rica y cambiante variedad de hábitats
y
condiciones ambientales para los organismos marinos en una escala
de
tiempo geológico. La rotura del continente de Gondwana, con
el consiguiente
aislamiento de la Antártida, los cambios climáticos,
con periodos
intermitentes de calentamiento global influenciados por los ciclos
de
Milankovitch-, junto a los cambios en el nivel de los mares, han
influido
en la migración de especies hacia y desde la región
antártica,
determinando los procesos y límites de distribución
en las faunas.
Mientras que la formación del Mar de Weddell comenzó
en el Jurásico, hace
165 millones de años (Ma), el istmo continental entre Sudamérica
y la
Antártida persistió hasta hace algo más de
20 Ma. La rotura de esta unión
y la dispersión de los fragmentos del continente, permitió
la formación de
la corriente circumpolar, causando el aislamiento oceanográfico
y
geográfico de la Antártida. Los restos continentales
del antiguo istmo
forman hoy en día muchas de las islas del Arco de Escocia,
mientras que
otras se mantienen como islas submarinas, a 1000 m bajo el nivel
del mar.
Se supone que durante el Cenozoico, la plataforma de hielo, que
cubrió el
que ahora conocemos como continente helado, no se extendió
en profundidad
lo suficiente como para erradicar completamente la fauna de plataforma
en
la Antártida. Además, las periódicas extensiones
de la cubierta de hielo
han favorecido procesos de especiación sobre esta plataforma
continental,
siendo calificada como la auténtica "fuente de diversidad"
antártica.
La herramienta más adecuada en estudios de biología
evolutiva y origen
zoogeográfico de los distintos grupos animales es el análisis
filogenético. El registro fósil facilita en gran medida
el reconocimiento
de los caracteres primitivos y derivados; sin embargo, este registro
está
sólo disponible para determinados grupos de organismos. Existe
abundante
material fósil de moluscos y crustáceos decápodos,
pero ninguna de estas
especies ha perdurado hasta hoy día en la Antártida.
Otros grupos
frecuentes en la Antártida, caracterizados por un alto grado
de endemismo
y que radiaron en los océanos del sur, como esponjas, cnidarios,
ascidias,
ofiuras, picnogónidos y crustáceos peracáridos,
son poco conocidos en el
registro fósil. Muchos de estos grupos alcanzan el porcentaje
de más del
75 % de especies endémicas de las conocidas en aguas antárticas.
Actualmente se consideran tres hipótesis para explicar el
posible origen
de la actual fauna antártica. La primera de ellas nos remonta
al
Cretácico, cuando la Antártida formaba parte de Gondwana.
Algunos autores
piensan que, al menos parte de la fauna actual podría haber
evolucionado
separadamente a partir de un stock de fauna cretácica. Esta
hipótesis se
ve apoyada por diferentes investigaciones sobre biodiversidad y
zoogeografía de algunos grupos taxonómicos de la fauna
vágil como
gasterópodos e isópodos, y, más recientemente,
también se han encontrado
datos procedentes de la fauna sésil. La segunda de las hipótesis
que se
baraja trata de explicar el origen de la fauna antártica
gracias a la
colonización de la fauna de aguas profundas de los océanos
que circundan
el continente helado. Resultados que apoyan esta hipótesis
se encuentran
en Tanaidáceos, Anfípodos, Moluscos y Antozoos. La
tercera posibilidad es
la colonización desde la región Magallánica
a través del Pasaje de Drake o
a lo largo de las Islas del Arco de Escocia, llegando finalmente
a la
Península Antártica. Distintas especies de cnidarios
bentónicos, entre
otros grupos de invertebrados, avalan esta hipótesis. Probablemente
las
tres posibilidades hayan influido en la concepción de la
fauna antártica
actual.
Pero la Antártida no ha sido tan sólo un continente
importador de
especies, sino que parece que ha actuado como exportador mediante
procesos
de radiación. De esta manera, muchas especies que hoy en
día podemos
encontrar en el mar profundo o en plataformas continentales del
hemisferio
sur, tienen sus ancestros en especies antárticas, posiblemente
supervivientes de la última gran extinción que hubo
en la Tierra a finales
del Cretácico. Algunas observaciones -como el hecho de que
una de las
pocas zonas del mundo en las que se forma el agua profunda de los
océanos
se sitúe en frente del Mar de Weddell- contribuyen a explicar
la teoría de
la radiación. Recientemente se ha propuesto una nueva teoría
para explicar
la elevada diversidad de los fondos bentónicos de los mares
interiores de
la Antártida. Ésta se basa en el hecho de que desde
hace más de 35 Ma el
continente antártico occidental se congeló y se paró
por completo el
aporte de sedimentos a las plataformas. De este modo, se detuvo
el proceso
de desaparición de la fauna bentónica sésil
que ocurrió en el resto de
océanos debido a los aportes sedimentarios, ya que las partículas
impiden
que estos organismos puedan filtrar el agua y retener las presas.
Estos
organismos sésiles han proliferado sobre fondos rocosos o
formando
arrecifes coralinos en otras regiones, pero en la Antártida
ocupan miles
de kilómetros cuadrados y persisten desde hace millones de
años.
La distribución espacial y temporal de los organismos planctónicos
y
bentónicos está fuertemente condicionada por la dinámica
de la cobertura
del hielo y por los mecanismos que generan la producción
primaria. El
marcado ciclo estacional de primavera-verano de deshielo y pulsos
elevados
aunque localizados de producción primaria, seguido de un
otoño-invierno
con cobertura de hielo y una escasa producción primaria,
han determinado
los ciclos de vida y crecimiento del zooplancton. Por un lado, la
mayor
parte de los organismos del zooplancton tienden a concentrarse cerca
del
margen del hielo donde la disolución libera los nutrientes
y materia
orgánica que disparan los procesos de producción secundaria.
En estas
zonas eutróficas, el zooplancton está dominado por
grandes copépodos y
eufausiáceos como el krill. En zonas más alejadas
del hielo y más
oligotróficas, el zooplancton se compone principalmente de
pequeños
copépodos, salpas y moluscos cterópodos. Hay otros
mecanismos distintos
del hielo, tales como las zonas de convergencia hidrográfica
o de
afloramiento, que también intervienen en la aglomeración
y producción del
plancton heterotrófico.
Desde el punto de vista estacional, la mayor parte de los organismos
del
zooplancton concentran sus periodos de mayor crecimiento y proliferación
durante la corta primavera austral. En general, este fenómeno
es debido a
que es el periodo en el que disponen de más alimento y para
su captura
migran hacia las capas superficiales. A pesar de que el ciclo lumínico
es
muy amplio durante este periodo, efectúan migraciones verticales
casi a
diario, al igual que en otras áreas con ciclos día-noche
muy marcados. Una
de las explicaciones de esta migración vertical es porque
rechazan estar
demasiado tiempo en la zona superficial, donde el agua incrementa
ligeramente la temperatura gracias a la radiación. Una vez
empieza el
otoño, y a finales de verano, muchas especies se reproducen
y liberan los
huevos. En unas especies, estos huevos eclosionan y las fases larvarias
se
alejan de la superficie, mientras que en otras esperan hasta la
primavera
siguiente para eclosionar. En general, se pensaba que permanecían
en
estado de latencia o diapausa y para ello acumulaban gran cantidad
de
lípidos para superar el largo periodo invernal. Pero día
a día se han
observado más especies que permanecen activas durante todo
el año y que
para ello permanecen justo debajo del hielo o bajan cerca del lecho
marino, donde siguen alimentándose.
Una de las causas que se argumentaba sobre la posibilidad de que
hubiera
una baja diversidad en los mares polares, era de carácter
ecológico. Las
bajas temperaturas y clara estacionalidad climática con inviernos
con
apenas iluminación y baja producción biológica
podría ser la explicación
de que la vida quedaba en un estado de ralentización de los
procesos
biológicos. En cambio, se produce una explosión de
vida con una producción
de unos 38.1 ± 0.8 g C m2 (se calcula como gramos de Carbono
por metro
cuadrado) de media anual, una de las altas del planeta. Esta elevada
producción permite mantener poblaciones de especies como
el krill, de más
de 1.500 millones de toneladas y que es la base de muchas cadenas
tróficas
antárticas. La pregunta que se ha planteado es cómo
pueden sobrevivir las
comunidades bentónicas con esta tan fuerte estacionalidad,
ya que dependen
de que el alimento les venga de la columna de agua. De la explicación
de
esta incógnita, ha surgido la corriente de opinión
de que los factores
ecológicos también han contribuido de forma significativa
en la
configuración de la elevada biodiversidad antártica
actual.
Se ha podido observar que gran parte de la producción primaria
(fitoplancton) que se genera después del deshielo a inicios
de la
primavera antártica no es consumida por parte de los herbívoros
planctónicos, como el krill, y cae al fondo marino. Estas
microalgas
llegan a formar extensiones de centenares de km2, formando lo que
se han
llamado "alfombras verdes". Una vez en los sedimentos,
estas algas son
descompuestas por parte de los microorganismos, pero debido a que
su
crecimiento está limitado por la temperatura, la descomposición
es mucho
más lenta de la que sucede en zonas templadas o tropicales.
El hecho de
que se descompongan más lentamente facilita que vía
las corrientes de
fondo, muy intensas en la Antártida, estas células
sean desplazadas y
puedan llegar a los organismos suspensívoros sésiles
durante todo el año.
El alimento queda de este modo garantizado para todo el año,
incluso en
invierno, cuando la superficie del mar está cubierta de hielo.
Otro
aspecto relevante es que los organismos que viven en estas comunidades
bentónicas son capaces de alimentarse de cualquier tipo de
presa, y pueden
cambiar su dieta según el alimento disponible. Así,
por ejemplo, durante
el verano capturan presas del zooplancton que se acercan al fondo
y en
invierno se mantienen con fitoplancton resuspendido por las corrientes.
La
capacidad de alimentarse durante todo el año aprovechando
los excedentes
de producción biológica del verano, de tener una dieta
muy variada, además
de tener pocos depredadores, hace que esta fauna haya evolucionado
sin
apenas alteraciones. La mayor y casi única perturbación
conocida de los
fondos antárticos es el paso de los icebergs que labran el
fondo hasta más
de 300 m de profundidad -según el tamaño del iceberg-,
cuando se
desprenden del hielo continental. El espacio libre que dejan estos
icebergs es recolonizado muy lentamente y, de hecho, permite que
estas
comunidades puedan crecer e iniciar un proceso de sucesión-evolución
esencial para alcanzar uno de los niveles de complejidad específica
y
estructural de los más singulares de todos los océanos.
Un cordial saludo de los investigadores.
Datos
Coordenadas:
53º 32,2' S
9º 9,4' E
Temperatura del agua: -0,94ºC Temperatura del aire: -0,4º C Velocidad del viento: 16,6 metros por segundo (m/s) Velocidad del barco: 9,6 nudos
Imágenes
Esquema sobre la composición de fauna antártica
Esquema donde se muestran las estrategias tróficas
Fondos de comunidades bentónicas del Mar de Weddell
Fondos de esponjas en el Mar de Weddell
Fecha última actualitzación:
12 de Diciembre de 2003