Con este mensaje
empezamos el que esperamos sea una serie de mensajes con las opiniones
de nuestros compañeros de a bordo. El primero que nos ha
explicado su trabajo y como se ha dedicado a la investigación
antártica es el Dr. Artin Rauchert, consumando conocedor
de los anfípodos marinos y de las comunidades bentónicas
antárticas. Se trata de una persona con una gran experiencia
y muy amable con todos. Esperamos que su relato os sea de interés.
Lo podéis contactar a través de nuestra web o en el
correo electrónico: hmrauschert@aol.com. En la actualidad
está retirado pero sigue trabajando en su profesión.
De hecho es una persona casi imprescindible en una expedición
como la estamos llevando a cabo.
En la antigua Republica Democrática de Alemania (Deutsche
Demokratische Republik, DDR) era muy difícil para los habitantes
normales viajar fuera del bloque Este. Hacia finales de los años
sesenta, en Budapest, encontré un libro de fotografías
sobre inmersiones en la Antártida. Un autor ruso havia publicado
en él fotografías fantásticas con su encuentro
con el mundo subacuático de la Antártida. Las fotografías
me cautivaron. De todas las formas posibles, quería aunque
solo fuera por una vez hacer inmersión en la Antártida.
Aproximadamente 10 años más tarde, un conocido me
pregunto si quería viajar a la Antártida con él,
para poder fotografiar los pingüinos nadando debajo del agua.
En ese instante estaba radiante de alegría. Hubiera podido
hacer cualquier trabajo para poder ir. ¡Y por eso habría
hecho inmersión!
El año 1980 llegó. La travesía con un barco
ruso duró unas 4 semanas, hasta poder llegar a la estación
polar rusa "Bellingshausen". Con una mascara sencilla
y un vestido de inmersión normal salté por primera
vez dentro del agua en el mes de diciembre. Nunca hubiera pensado
que el agua podía ser aun más fría que el agua
de casa durante el invierno debajo del hielo. Con una temperatura
del agua de menos de 1.9 grados Celsius, tuve la impresión
de que un cuchillo me cortaba la cara alrededor de la máscara.
Pero el mundo subacuático me cautivó enseguida. Particularmente,
muchos anfípodos iban cayendo encima de mí. Estrellas
de mar de diferentes colores, algas inmensas, peces que podía
coger con las manos sin escaparse De golpe, estaba rodeado
de pingüinos, que nadaban rápidamente para poder coger
los anfípodos que yo havia movido del fondo.
Casi sin aliento y completamente congelado nadé hacia la
barca de goma. Las botellas estaban vacías. Mi compañero
me alargó su mano fuera la barca y me felicitó por
la primera inmersión de un alemán en la Antártida.
Pero estaba equivocado. Ya hacía tiempo que el carpintero
del barco "Grauß" hizo la inmersión con una
escafandra para inspeccionar el barco.
En la siguiente inmersión ya me sentía más
caliente. Estaba en otra profundidad y encontré otra vez
miles de anfípodos. En esta ocasión se veían
diferentes. Me fascinó la gran variedad. Finalmente, quería
trabajar en ecología. Por lo que tenía que conocer
todo lo que vivía. De esta forma empecé a identificar
los anfípodos. Como siempre he ido encontrando de nuevos
- muchos que no estaban descritos- me quedé estudiando este
grupo de organismos.
Dos veces inverné durante medio año en la estación
rusa. Después de la caída del muro también
trabajé durante otro medio año. He vivido muchos meses
en una tienda en la estación argentina "Jubany"
y he viajado con diferentes barcos (españoles, argentinos,
chilenos, rusos y alemanes) mayoritariamente al polo sur, pero también
alguna vez al polo norte (Spitzbergen, Nowaja Semlja, tierra Franz-Josephs).
Frecuentemente he viajado con el barco "Polarstern",
donde se puede intercambiar de forma excelente experiencias con
otros científicos. Especialmente, estoy muy agradecido a
los científicos españoles por la ayuda en la identificación
de los organismos bentónicos. Aunque desafortunadamente existen
actualmente más de mil fotos para identificar. Esta situación
también se da con los anfípodos donde se encuentran
más de 100 especies sin nombre.
Se necesita mucho tiempo para describir un pequeño crustáceo.
Las especies que tienen más centímetros son más
fáciles de reconocer y la mayoría ya están
descritas. Pequeñas especies (1-3 mm) se escapan frecuentemente
a través de las redes de pesca o desaparecen en medio de
las capturas. Para poder reconocer los caracteres morfológicos
se tienen que conservar los anfípodos y posteriormente observarlos
debajo el binocular. ¡Cualquiera puede imaginarse cómo
de pequeño puede llegar a ser el aparato bucal de un crustáceo
de un tamaño de 1mm! En total se necesitan más o menos
30 caracteres morfológicos para la descripción de
una especie. Todo requiere mucho tiempo. Pero, mucho más
rápido se ha de ser para fotografiar los organismos bentónicos
que llegan a la cubierta dónde morirán pronto y perderán
su color natural. Los anfípodos también pierden frecuentemente
sus patas y la postura natural del cuerpo.
Existen muchas dificultades en la estancia en la Antártida.
Pero, aunque casi ya tengo 70 años me fascina el trabajo
de toda novedad.
Un cordial saludo de los investigadores.
Datos
Coordenadas:
69º 11 S
8º 6,7 E
Temperatura del agua: -2,0ºC Temperatura del aire: -3,3º C Velocidad del viento: 3,3 metros por segundo (m/s) Velocidad del barco: 0 nudos
Imágenes
El Dr. Martín Rauschert en su laboratorio
El Dr. Martín Rauschert
Una imagen de los fondos marinos
Fotografía de un anfípodo
Una fotografía del conocido fotógrafo
submarino Norbert Wu
Aquí teneis el mensaje
original en Aleman que ha escrito el Dr. Martín Rauscher
para todos vosotros.
Fecha última actualitzación:
22 de Diciembre de 2003