Los días empiezan
a pasar rápidamente. El trabajo diario nos absorbe y tenemos
la sensación de que ya nos hemos acostumbrado a la vida en
el barco. Una vida llena de curiosidades para las personas que no
han estado en una expedición como la que vivimos. Pero no
es nada espectacular. La rutina y la cotidianidad nos invade y nos
hemos acostumbrado. Hay muchas maneras de explicar la sensación
que sentimos ahora y como explicaros la vida a bordo. Hoy os la
explica Sergi y un día de estos será otro de
nuestros compañeros con el título "Austasen 70
º 51' 40 " A, 10º 33' 60 "W. Sergi ya es un
veterano y el próximo relato será de una persona que
participa por primera vez en una campaña antártica
y de la complejidad de las campañas internacionales. Sergi
ha escrito una novela que en parte está basada en una campaña
anterior. Es un texto apasionante que os recomendamos. La podéis
encontrar en esta misma web. Otro texto que nos gustaría
recomendaros es el libro de uno de nuestros compañeros. Joandomenec
Ros escribió su libro durante la campaña del 1998
y lo publicó con el título "Objectiu: L'Antàrtida",
editado por Editoral Empúries en 1999. Ambos textos reflejan
muy bien lo que se vive en una campaña como la nuestra aunque
el de Sergi contiene un alto grado de imaginación.
Despertarse por la mañana no suele ser tarea fácil.
Pero cuando no hay distinción entre lunes y domingo, esa
tarea se hace todavía más cuesta arriba. Y es que
en un barco científico como es el Polastern, debido al intenso
trabajo y muestreo continuado, los días festivos como tales
no existen, y llega un momento en el que pierdes la noción
del tiempo, haciendo preguntas del tipo "oye, hoy es sábado
verdad?". La compasiva respuesta transmitida por los ojos de
tu compañero puede aclararte de que no, ese día no
es sábado, sino un lunes o martes. Te duchas, vistes y estás
listo a las 7:30, pues a las 8:30 cierran comedor, sea el día
de la semana que sea. Al sentarte te das cuenta de que cuentan con
el poder de tu estómago para ingerir la cantidad exorbitante
de alimento que se te ofrece: huevos fritos o revueltos, un surtido
de quesos abundante, cereales, y otros manjares que están
preparados con cuidado para que afrontes el día con gran
energía. Y es que lo que puede esperarte allí fuera
puede no ser broma: a lo mejor tienes que permanecer durante mucho
tiempo en el exterior trabajando en cubierta a varios grados bajo
cero.
Todos los grupos se dispersan desde el acogedor comedor a sus laboratorios
para prepararse: la recogida de muestras o el poner aparatos submarinos
están en el orden del día. En el caso de los hombres
y mujeres que recogen organismos pescados del fondo del mar, la
protección contra el frío y la humedad es una necesidad
imperiosa. Todos vestidos de "pingüinos" de colores
(de rojo, naranja, negro o morado) esperamos a que salga del agua
un aparato, la AGT (Agassiz Trawl) que es como un inmenso trineo
de hierro que porta una red de arrastre para recolectar organismos
del fondo del mar. Estamos un poco inquietos y emocionados. ¿Qué
saldrá? ¿Habrá suficiente material para mí?
El problema con cualquier muestreo al azar es que los diferentes
especialistas sueñan con obtener sus animales lo más
intactos posibles y en suficiente cantidad para poder observarlos,
tratarlos, clasificarlos y casi mimarlos. La verdad es que la recolecta
de material en la Antártica tiene de todo menos rutina. Por
eso a veces el frenesí en cubierta puede convertirse en frenetismo
por coger y preservar el material cuanto antes. La clasificación
del material en los diferentes laboratorios de los especialistas
(en crustáceos, peces, esponjas ) es tarea difícil.
Separar, rotular, fotografiar, congelar o fijar tiene que ser algo
bastante inmediato, no puedes dejar tu material a la deriva. Y eso
puede provocar pequeñas catástrofes al principio:
botes que se caen, formalina que se derrama, rotuladores que no
acaban de funcionar, tijeras que se extravían pero la
sinergia de grupo llega pronto, como inesperada, y cada núcleo
de científicos parece coordinarse en una danza sincronizada
que torna eficiente al máximo el esfuerzo de todos.
Mientras, los geólogos y físicos substituyen a los
biólogos en cubierta. Es hora de colocar la trampa de sedimento
con una infinidad de aparatos que nos permitirán saber algo
más de lo que pasa en el agua, de cómo las partículas
en suspensión afectan según su velocidad, concentración
y calidad a los animales que viven a grandes profundidades. Es un
trabajo muy duro y tedioso, en el que el opíparo desayuno
mengua de forma inexorable en breves horas. Por eso se pasa a comer
a las 11:30h. Un poco pronto, pero algunos lo agradecemos cuando
el trasiego es tan fuerte. Una manera de saber en qué día
exacto de la semana se localiza tu mente, es referenciar la "salchicha
flotante": sólo los sábados se sirve este plato
tradicional alemán que desconcierta a muchos foráneos.
El horario para comer también es estricto, de 11:30 a 12:30.
Después de la comida, un breve café nos preparará
para la segunda oleada de trabajo. De hecho, los muestreos no se
paran por las comidas, y todos deben estar atentos y no perder comba
por culpa del ejercicio mandibular. De todas formas, puedes comer
a deshoras en el comedor de los marineros, donde una señora
nevera espera paciente a que los rezagados sacien su apetito. Si
no hay trabajo en cubierta se puede pasar a ejecutar trabajo de
laboratorio: mirar a las lupas los contenidos de los organismos
que has capturado para saber qué comen y en qué cantidad,
observar sus gónadas para determinar su estado reproductor
o utilizar aparatos que permitan conocer la concentración
de sustancias como proteínas, carbohidratos o lípidos
en sus tejidos.
El tiempo en el barco es oro, oro puro que en ningún caso
debe desperdiciarse. Pero eso sí, a veces la visión
de un iceberg, de un grupo de pingüinos o una foca leopardo
hace que pueda esperar el trabajo en el laboratorio. Entonces todos,
equipados con cámaras de fotos, vídeo, digitales,
analógicas o lo que sea, salimos fuera para poder disfrutar
del
evento. Embelesados por espectáculos inimaginables, una vez
más recordamos el privilegio de estar aquí, lo que
nos impulsa otra vez, acabada la sesión fotográfica,
a encauzar nuestros pensamientos a la obtención de resultados.
Algunos han tenido tiempo de tomar un café en el salón
anexo al comedor, o de leer un poco en la pequeña pero muy
acogedora biblioteca que hay en la parte superior del barco, nutrida
con novelas, libros científicos y algunos regalos de equipos
científicos invitados que han dejado sus ediciones en idiomas
como el español, chino o indio. Pero la tarde en el polo
es larga en primavera-verano, y tras llegar las ocho o nueve de
la noche, la actividad, mermada eso sí, no decae. Mientras
algunos se dedican a estudiar la estrategia para el siguiente día,
los más inquietos físicamente bajan a la piscina a
desahogar la musculatura jugando a water-basket. Las ahogadillas
y tapones están al orden del día en un juego que sirve
en gran parte para desconectar de la tarea diaria. Pero algunos
prefieren la contemplación del paisaje a través de
la inmensa cristalera del puente de mando de la nave, un lugar sin
duda singular donde el puro placer de reposar los ojos sobre el
paisaje helado hace que te sientas bien. La luz, otra vez engañosa,
te invita a quedarte, pues el sol no quiere acabar de faenar y se
queda suspendido por encima de la
banquisa hasta bien entrada la noche. Un día más de
trabajo, y un día menos para volver a casa.
Un cordial saludo de los investigadores.
Datos
Coordenadas:
70º 47' S
11º 24' O
Temperatura del agua: -1,3ºC Temperatura del aire: -3,9º C Velocidad del viento: 4,8 metros por segundo (m/s) Velocidad del barco: 0.5 nudos
Imágenes
Portada del libro de Joandomenec Ros
"Objectiu: L'Antàrtida"
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
La vida a bordo
Fecha última actualitzación:
23 de Diciembre de 2003