Generalitat de Catalunya: Departament d'Universitats, Recerca i Societat de la Informació  @      
  Investigación: Expediciones científicas: La Antártida
[diario antàrtida 2000]    
[diario antàrtida 2002]   

      Mensaje 11: La azarosa vida de los pingüinos

Nuestro trabajo se desarrolla con toda normalidad. Las diferentes actividades se suceden de manera continuada, y en algunos casos un poco precipitadamente, ya que hay que desarrollar más de un experimento a la vez. Pero esta actividad siempre deja momentos de descanso que, día a día, se hacen más necesarios. En estos momentos aprovechamos para escuchar lo que nos explican nuestros compañeros, especialmente los que tienen bastante experiencia en la Antártida. Un día, justo cuando estamos tomando el café que nos ayuda a estar despiertos, el jefe de expedición, Wolf Arntz nos trae una nota de prensa que le acaba de llegar de su secretaria en el Alfred Wegener Institut de Alemania. Viene sonriente y complacido, y nos lee la siguiente historia:

"Los pingüinos macho de la isla de Ross, en la Antártida, pagan a las hembras los ratos de sexo con cantos rodados. Esta observación es el resultado de la investigación de la zoóloga Fiona Hunter, de la Universidad de Cambridge, sobre el cual informa como primicia la revista "P.M. Preguntas y Respuestas". Las piedras se utilizan en la construcción de nidos, pero son un material escaso en la isla. Por eso, las hembras han encontrado el modo de obtenerlos fácilmente cuando los necesitan. Ellas se escapan discretamente -se constata en la revista- en momentos en que sus parejas no las vigilan, y se acercan a los nidos donde hay machos. Entonces se ofrecen a ellos, y después de un rato de sexo obtienen unos cuantos cantos rodados como compensación. No siempre se consuma el acto sexual, sino que muchos de los machos regalan un par de piedras a cambio de unas simples caricias: "Observando el nido de una hembra, he visto cómo conseguía reunir 62 piedras actuando de este modo, sin llegar nunca a consumarse el acto sexual", apunta la investigadora". Al comentar la historia con nuestro jefe de expedición, le viene a lamente una situación que vivió hace unos años en una pingüinera muy próxima a la zona en la que estamos trabajamos. Os contamos qué nos dice:

"El artículo "Sexo por piedras" me hace recordar un acontecimiento que tuvo lugar unos años atrás, cuando estábamos visitando la colonia de pingüinos emperador en la Bahía de Atka, cerca de la base alemana de "Neumayer". Esta colonia es muy grande, consiste de unas 7000 parejas de pingüinos que en el mes de enero ya cuentan con polluelos grandes. En coexistencia pacífica con sus "hermanos mayores", viven allí unas docenas
de pingüinos de Adelia, aparentemente felices, pero con una seria desventaja: el ambiente glacial de la alta Antártida no les permite reproducirse. Para ello hay varias razones. Los pingüinos de Adelia de la Península Antártica y de las islas subantárticas usan cantos rodados para construir sus nidos, como también se cuenta en el artículo mencionado.

Sobre la capa del "hielo fijo" (Festeis), donde se encuentra la colonia de pingüinos emperador, no hay piedras. Esto no afecta para nada a los pingüinos grandes, porque los machos de esta especie incuban el único huevo que ponen las hembras sobre sus pies, donde lo envuelven en el "marsupio" de su plumaje ventral, el cual también protege a los juveniles cuando se trasladan a los pies de la hembra. Así se encuentran bien protegidos de las inclemencias del tiempo invernal y del frío del hielo. En cambio, los machos de los pingüinos de Adelia, en su desesperado afán de construir nidos para sus esposas, no disponen de otro material de construcción que de trocitos de hielo, los cuales recolectan con un ánimo nada menor al de sus conespecíficos en las islas. Obviamente, no saben que estos esfuerzos son inútiles, porque ningún huevo puede sobrevivir mucho tiempo en un nido de hielo.

En aquella visita a la colonia, me hallaba yo observando una pareja de estos pingüinos de Adelia desafortunados que se encontraban en plena preparación del desove. Mientras la hembra aguardaba quieta como una estatua en algún lugar, el macho hacía enormes esfuerzos para recolectar "piedras de hielo" y ensamblarlas en un nido bonito. Sin embargo, apenas había terminado este trabajo, su señora se desplazaba unos cuantos metros más hacia delante, asumiendo de nuevo su aspecto orgulloso. Durante mi estancia de dos horas en la colonia, este proceso se repitió cuatro veces, sin que el pobre esposo pudiera descansar, y lo que es peor sin que hubiera habido acto sexual alguno... Si hubo alguna demostración de cariño por parte de la dama (la hembra), no me enteré de ella, pero lo dudo. ¡Qué felices son los pinguinos de Adelia de las islas!"

Los pingüinos de Adelia son una de las siete especies de estos pájaros que viven en la Antártida. Es la especie más abundante, con un censo reciente de dos millones y medio de parejas en todo el continente antártico. Forman colonias de miles de individuos a veces en zonas alejadas del margen del hielo. Tienen un periodo de reproducción corto ya que les gustan los meses cuando las temperaturas superan los 0º C. Los primeros en llegar a las colonias habituales son los machos, y las hembras tardan unos días más. Acostumbran a emparejarse de nuevo con la misma pareja del año anterior pero, a diferencia de otras especies de pingüinos, son menos fieles y buscan pareja raídamente, ya que disponen de poco tiempo para incubar y cuidar sus crías. El festejo empieza enseguida y los primeros huevos aparecen a mediados de noviembre. Cada pareja genera dos huevos que incuban indistintamente macho y hembra de 30 a 40 días. La eclosión es a finales de diciembre y desde entonces ambos congéneres alimentan a sus pollos entre 50 y 60 días. Los adultos dejan de cuidar a los jóvenes cuando éstos alcanzan las 7 semanas de vida. Una vez han mudado el plumaje, los jóvenes van al mar y tardan varios años en volver a las colonias de sus progenitores. Viven en la banquisa alimentándose sobre todo de krill (un 65 % aproximadamente) y peces. En las colonias, la mortalidad es bastante alta -en bastantes ocasiones sobreviven tan sólo la mitad de los
polluelos-, pero una vez en el agua son muy ágiles y veloces (alcanzan los 7 kilómetros por hora nadando), y hasta pueden llegar a cumplir los 20 años de vida. Son excelentes buceadores, con un récord de profundidad de hasta 175 metros. Os aconsejamos que miréis el apartado de resultados de la web donde os informaremos sobre trabajos recientes acerca de estos impresionantes animales, y los mensajes 12 y 36 de la web del año 2000, donde encontraréis más detalles sobre los pingüinos en estos lares.

Esperamos que estas historias, que no dejan de ser un fiel reflejo de la realidad en la vida salvaje de la Antártida, os hayan gustado. Enseguida que surjan otras os las explicaremos, o quizás vosotros habéis vivido alguna y nos las podéis contar a nosotros y a todos los amigos que nos siguen. A ver si os animáis, que así disfrutaremos todos juntos!

Un cordial saludo de los investigadores.

Datos

Coordenadas:
70º 47' S
11º 24' O

Temperatura del agua: -1,3ºC
Temperatura del aire: -3,9º C
Velocidad del viento: 4,8 metros por segundo (m/s)
Velocidad del barco: 4.5 nudos

 

Imágenes

Una colonia de miles de parejas del pingüino de Adelia Una colonia de miles de parejas del pingüino de Adelia Un grupo de polluelos de Adelia Un grupo de polluelos de Adelia
Uno de los progenitores acaba de llegar a la colonia Uno de los progenitores acaba de llegar a la colonia Un grupo de pingüinos Adelia jóvenes Un grupo de pingüinos adelia jóvenes
Pingüinos Papua Pingüinos Papua

 


Fecha última actualitzación: 24 de Diciembre de 2003