Nuestro trabajo se
desarrolla con toda normalidad. Las diferentes actividades se suceden
de manera continuada, y en algunos casos un poco precipitadamente,
ya que hay que desarrollar más de un experimento a la vez.
Pero esta actividad siempre deja momentos de descanso que, día
a día, se hacen más necesarios. En estos momentos
aprovechamos para escuchar lo que nos explican nuestros compañeros,
especialmente los que tienen bastante experiencia en la Antártida.
Un día, justo cuando estamos tomando el café que nos
ayuda a estar despiertos, el jefe de expedición, Wolf Arntz
nos trae una nota de prensa que le acaba de llegar de su secretaria
en el Alfred Wegener Institut de Alemania. Viene sonriente y complacido,
y nos lee la siguiente historia:
"Los pingüinos macho de la isla de Ross, en la Antártida,
pagan a las hembras los ratos de sexo con cantos rodados. Esta observación
es el resultado de la investigación de la zoóloga
Fiona Hunter, de la Universidad de Cambridge, sobre el cual informa
como primicia la revista "P.M. Preguntas y Respuestas".
Las piedras se utilizan en la construcción de nidos, pero
son un material escaso en la isla. Por eso, las hembras han encontrado
el modo de obtenerlos fácilmente cuando los necesitan. Ellas
se escapan discretamente -se constata en la revista- en momentos
en que sus parejas no las vigilan, y se acercan a los nidos donde
hay machos. Entonces se ofrecen a ellos, y después de un
rato de sexo obtienen unos cuantos cantos rodados como compensación.
No siempre se consuma el acto sexual, sino que muchos de los machos
regalan un par de piedras a cambio de unas simples caricias: "Observando
el nido de una hembra, he visto cómo conseguía reunir
62 piedras actuando de este modo, sin llegar nunca a consumarse
el acto sexual", apunta la investigadora". Al comentar
la historia con nuestro jefe de expedición, le viene a lamente
una situación que vivió hace unos años en una
pingüinera muy próxima a la zona en la que estamos trabajamos.
Os contamos qué nos dice:
"El artículo "Sexo por piedras" me hace recordar
un acontecimiento que tuvo lugar unos años atrás,
cuando estábamos visitando la colonia de pingüinos emperador
en la Bahía de Atka, cerca de la base alemana de "Neumayer".
Esta colonia es muy grande, consiste de unas 7000 parejas de pingüinos
que en el mes de enero ya cuentan con polluelos grandes. En coexistencia
pacífica con sus "hermanos mayores", viven allí
unas docenas
de pingüinos de Adelia, aparentemente felices, pero con una
seria desventaja: el ambiente glacial de la alta Antártida
no les permite reproducirse. Para ello hay varias razones. Los pingüinos
de Adelia de la Península Antártica y de las islas
subantárticas usan cantos rodados para construir sus nidos,
como también se cuenta en el artículo mencionado.
Sobre la capa del "hielo fijo" (Festeis), donde se encuentra
la colonia de pingüinos emperador, no hay piedras. Esto no
afecta para nada a los pingüinos grandes, porque los machos
de esta especie incuban el único huevo que ponen las hembras
sobre sus pies, donde lo envuelven en el "marsupio" de
su plumaje ventral, el cual también protege a los juveniles
cuando se trasladan a los pies de la hembra. Así se encuentran
bien protegidos de las inclemencias del tiempo invernal y del frío
del hielo. En cambio, los machos de los pingüinos de Adelia,
en su desesperado afán de construir nidos para sus esposas,
no disponen de otro material de construcción que de trocitos
de hielo, los cuales recolectan con un ánimo nada menor al
de sus conespecíficos en las islas. Obviamente, no saben
que estos esfuerzos son inútiles, porque ningún huevo
puede sobrevivir mucho tiempo en un nido de hielo.
En aquella visita a la colonia, me hallaba yo observando una pareja
de estos pingüinos de Adelia desafortunados que se encontraban
en plena preparación del desove. Mientras la hembra aguardaba
quieta como una estatua en algún lugar, el macho hacía
enormes esfuerzos para recolectar "piedras de hielo" y
ensamblarlas en un nido bonito. Sin embargo, apenas había
terminado este trabajo, su señora se desplazaba unos cuantos
metros más hacia delante, asumiendo de nuevo su aspecto orgulloso.
Durante mi estancia de dos horas en la colonia, este proceso se
repitió cuatro veces, sin que el pobre esposo pudiera descansar,
y lo que es peor sin que hubiera habido acto sexual alguno... Si
hubo alguna demostración de cariño por parte de la
dama (la hembra), no me enteré de ella, pero lo dudo. ¡Qué
felices son los pinguinos de Adelia de las islas!"
Los pingüinos de Adelia son una de las siete especies de estos
pájaros que viven en la Antártida. Es la especie más
abundante, con un censo reciente de dos millones y medio de parejas
en todo el continente antártico. Forman colonias de miles
de individuos a veces en zonas alejadas del margen del hielo. Tienen
un periodo de reproducción corto ya que les gustan los meses
cuando las temperaturas superan los 0º C. Los primeros en llegar
a las colonias habituales son los machos, y las hembras tardan unos
días más. Acostumbran a emparejarse de nuevo con la
misma pareja del año anterior pero, a diferencia de otras
especies de pingüinos, son menos fieles y buscan pareja raídamente,
ya que disponen de poco tiempo para incubar y cuidar sus crías.
El festejo empieza enseguida y los primeros huevos aparecen a mediados
de noviembre. Cada pareja genera dos huevos que incuban indistintamente
macho y hembra de 30 a 40 días. La eclosión es a finales
de diciembre y desde entonces ambos congéneres alimentan
a sus pollos entre 50 y 60 días. Los adultos dejan de cuidar
a los jóvenes cuando éstos alcanzan las 7 semanas
de vida. Una vez han mudado el plumaje, los jóvenes van al
mar y tardan varios años en volver a las colonias de sus
progenitores. Viven en la banquisa alimentándose sobre todo
de krill (un 65 % aproximadamente) y peces. En las colonias, la
mortalidad es bastante alta -en bastantes ocasiones sobreviven tan
sólo la mitad de los
polluelos-, pero una vez en el agua son muy ágiles y veloces
(alcanzan los 7 kilómetros por hora nadando), y hasta pueden
llegar a cumplir los 20 años de vida. Son excelentes buceadores,
con un récord de profundidad de hasta 175 metros. Os aconsejamos
que miréis el apartado de resultados de la web donde os informaremos
sobre trabajos recientes acerca de estos impresionantes animales,
y los mensajes 12 y 36 de la web del año 2000, donde encontraréis
más detalles sobre los pingüinos en estos lares.
Esperamos que estas historias, que no dejan de ser un fiel reflejo
de la realidad en la vida salvaje de la Antártida, os hayan
gustado. Enseguida que surjan otras os las explicaremos, o quizás
vosotros habéis vivido alguna y nos las podéis contar
a nosotros y a todos los amigos que nos siguen. A ver si os animáis,
que así disfrutaremos todos juntos!
Un cordial saludo de los investigadores.
Datos
Coordenadas:
70º 47' S
11º 24' O
Temperatura del agua: -1,3ºC Temperatura del aire: -3,9º C Velocidad del viento: 4,8 metros por segundo (m/s) Velocidad del barco: 4.5 nudos
Imágenes
Una colonia de miles de parejas del
pingüino de Adelia
Un grupo de polluelos de Adelia
Uno de los progenitores acaba de llegar a la colonia
Un grupo de pingüinos adelia jóvenes
Pingüinos Papua
Fecha última actualitzación:
24 de Diciembre de 2003