Como os decíamos
en el anterior mensaje, hay algunos estudios que sólo se
pueden hacer en la Antártida, como por ejemplo estudiar como
viven, comen y se reproducen algunos los animales que se encuentran
en zonas como esta. En el anterior mensaje os explicamos algo de
los pingüinos. En este, os vamos a contar la aventura de un
equipo alemán que permaneció cuatro semanas en la
península para observar desde cerca la vida de las focas
de Weddell. Estos animales, como los pingüinos, están
perfectamente adaptados a las temperaturas de la Antártida,
y forman colonias de muchos individuos. Además de aprender
algo sobre la vida de las focas, también os haréis
una idea de qué significa ir hasta la Antártida para
estudiarlas, ya que por bonito que sea el paisaje, ciertas comodidades
quedan bien lejos de ser accesibles.
La aventura del equipo alemán nos la cuenta Mandana Mirhaj,
que trabaja en la Universidad de Bremen, en Alemania. El equipo
estuvo preparando su investigación en el barco hasta que
se les dejó en el estuario de Drescher. Aunque pasaron las
cuatro semanas en el campamento, siempre mantuvieron el contacto
con el barco, ya que para cualquier emergencia siempre había
un helicóptero preparado para un eventual rescate. Esta claro
que es muy importante que parte del equipo se traslade a tierra
por breves períodos, ya que de esta manera, o sea incluyendo
estudios etológicos hechos en tierra, las investigaciones
que se hacen son mucho más completas. Como siempre, os adjuntamos
el mensaje original a pie de página. También os mandamos
un informe para la prensa alemana que escribió el jefe del
equipo, Joachim Plötz, en el que encontraréis algún
otro detalle sobre la expedición. Plötz explica que
el movimiento de las focas por debajo del hielo -de día están
a más profundidad y de noche suben cerca del hielo- está
claramente relacionado con el desplazamiento del alimento, o sea
de la zona de acumulación de los peces y del krill. Esperemos
que os guste mucho, y que leyendo estas páginas podáis
vivir más de cerca la aventura de estos científicos.
"En general, vivir en la naturaleza más pura es difícil
para cualquiera que esté acostumbrado a las comodidades de
la vida que hoy en día nos proporciona la civilización.
En Diciembre 2003 nuestro equipo (en total cinco personas) tuvo
la oportunidad de vivir y trabajar en la Antártida durante
un mes. Llegamos a nuestro destino, en el Estuario Drescher (S72º50',
WO19º16), en helicóptero y con la ayuda de nuestros
compañeros montamos un campamento de cinco iglús (tres
servían para dormir, uno era la cocina y otro se utilizaba
para guardar el material). Cuando nuestros compañeros nos
dejaron solos, o sea a la hora de empezar nuestra aventura, nos
dimos cuenta de que nos sentimos muy afortunados, ya que nos encontrábamos
ante una tranquilidad y una belleza que la mayoría de las
personas nunca tendría la oportunidad de ver. Pájaros
blancos volaban por encima del campamento y el sol brillaba de una
manera tan intensa que la sensación se acercaba a la que
se puede vivir en verano. De hecho, era el principio de la estación
estival en la Antártida.
Después de los primeros días, nos dimos cuenta de
que teníamos que preocuparnos hasta de las cosas más
simples, aquellas que parecen tan obvias cuando estás en
casa. Para mostraros un ejemplo: si necesitábamos agua para
beber o para lavar o limpiar, teníamos que preparar grandes
recipientes en los que disolver el hielo. Los iglús se convirtieron
en la única zona protegida de las intemperies del clima,
o sea de los fuertes vientos, tormentas de nieve y también
rayos de sol. ¡Toda una aventura después de haber probado
el confort del barco que nos llevó hasta la Antártida
desde Cape Town!
Esperábamos con ganas de poder empezar nuestra investigación.
Pero sólo un día después de haber llegado,
la Antártida nos recibió con la primera tormenta de
nieve, que duró tres días. Pasamos casi todo el tiempo
en el iglú-cocina, que era el único lugar que conseguíamos
mantener suficientemente caliente en aquel momento, usando bombonas
de gas. En realidad llevábamos también generadores
eléctricos, pero debido a la tormenta hasta aquel momento
no habíamos podidos ponerlos en funcionamiento. En aquellas
condiciones, lo único que podíamos hacer era hablar,
comer y esperar Una vez pasada la tormenta, el cielo se puso
claro y empezamos a tener un tiempo esplendido. El campamento entero,
y también nuestros pequeños vehículos, estaban
cubiertos por una espesa capa de nieve. Estuvimos horas excavando
toda la nieve pero finalmente conseguimos empezar a movernos y explorar
los alrededores, además de prepararnos para empezar con nuestros
proyectos de investigación. Hay que decir que tuvimos suerte
con el clima: a la tormenta siguieron muchos días soleados
y pudimos trabajar cada día y disfrutar del frío,
ya que parecía que estuviéramos dentro de un congelador,
pero con la ventaja de estar cerca de miles de pingüinos cuidando
de sus pequeños.
Aunque estábamos cerca de una colonia de pingüinos,
el objetivo principal de nuestra investigación era estudiar
las focas de Weddell, que se encontraban en una zona más
costera. Verlas era verdaderamente increíble: había
muchas madres con sus pequeños, que parecían estar
continuamente comiendo y rodando en todas las direcciones. Las ves,
y están a solo un par de metros de distancia de tí,
en su hábitat totalmente prístino, y puedes quedarte
sentado durante horas observándolas y viendo todo lo que
hacen. En este lugar nosotros somos sólo visitantes, y hay
que tenerlo presente en cada momento de nuestra estancia aquí.
Todo lo que traemos tendrá que ser guardado en cajas, separado
entre papel, plástico y vidrio, y nos lo llevaremos de vuelta
a casa. Así que desde el principio nos preocupamos de mantener
bien separado el material reciclable.
A continuación, para que tengáis una idea de lo que
hacíamos cada día, os explicaré un poco como
se desarrollaba nuestra jornada laboral. Cada mañana nos
despertábamos a las 8:30, poníamos en marcha los generadores,
que sirven tanto para que nuestros ordenadores funcionen como para
la calefacción, si es necesaria, o electrodomésticos
como el tostador, por ejemplo (claro, intentamos que algunas cosas
no nos falten ). A las 9 desayunábamos y conectábamos
con el barco, ¡para que supieran que aún estábamos
vivos! Alrededor de las 10-11 de la mañana estábamos
listos. Una vez preparadas las herramientas que necesitábamos,
las cargábamos en nuestros vehículos y nos movíamos
hacía el Estuario, bajando por una rampa natural. El lugar
de estudio estaba situado todo alrededor del hielo. La bajada desde
el campamento hasta el estuario es muy divertida, nos precipitábamos
moviendo un montón de nieve y hielo, sintiendo el viento
frío deslizarse sobre nuestras caras. El sol las iluminaba
y todo estaba rodeado por una gran paz. Hacía las 6-7 de
la tarde volvíamos al campamento y preparábamos algo
para cenar, comprobábamos y discutíamos los datos
obtenidos durante el día hasta aproximadamente las 2 de la
madrugada.
Como he explicado antes, todo el equipo ha venido a estudiar las
focas, para entender algo más de cómo viven. Sobretodo
utilizamos cámaras acuáticas (que hemos instalado
previamente sobre las focas) para ver cuál es su comportamiento
debajo del agua, y en particular como capturan sus presas y qué
hacen a lo largo del día. Debido a que se sabe que las focas
de Weddell se comunican entre ellas emitiendo sonidos bajo el agua,
nuestro equipo utiliza también micrófonos acuáticos
(hydrófonos) para estudiar qué tipo de sonidos producen.
También utilizamos cámaras subacuáticas, que
maniobramos a través de un mando a distancia, para observar
el misterioso mundo que está debajo del hielo. Descubrimos
así un extraño e increíble mundo de organismos
diversos, que nos ayudó a tener una visión más
general del Estuario por debajo del nivel del hielo. A pesar de
que nos pueda resultar difícil de entender cómo estas
focas puedan estar cómodas en el agua tan fría durante
tantas horas, tanto de día como de noche, esto es lo que
se observa. Las focas tienen un espeso revestimiento de grasa, que
es muy parecido a lo que tienen las ballenas. Gracias a esta capa,
las focas no tienen frío en el agua. Por otro lado, debido
a que su cuerpo esta preparado para sobrevivir al frío, para
ellas es extremadamente difícil aguantar debajo del sol cuando
no están en el agua. Entonces, ¿qué es lo que
hacen para solucionar este problema? Bueno, lo que hacen, como podéis
ver en la foto, es ¡comerse un trozo de hielo para que la
temperatura de su cuerpo vuelva a bajar! Las focas son muy grandes,
pueden llegar a medir hasta 3 metros y a pesar entre 200 y 300 Kg.
Moviéndose sobre el hielo parecen muy pesadas y poco elegantes,
pero cuando están debajo del agua es otra cosa, su movimiento
es ágil y saben capturar con éxito a sus presas (que
suelen ser calamares y peces).
Aunque nuestro principal interés era estudiar a las focas,
era imposible no quedar fascinados por otros animales con los que
compartíamos el territorio durante nuestra estancia: los
pingüinos emperadores. Sus cuerpos están también
dibujados para vivir en condiciones extremas de temperatura. Pasamos
muchas horas sólo mirándolos y fotografiando las colonias.
Miles de individuos estaban agrupados en grandes grupos, y no paraban
de emitir sonidos a todo volumen. Los pequeños empezaban
a perder sus plumas y su aspecto era muy divertido. Aunque algunos
ya eran mayorcitos y tan altos casi como sus padres, aún
querían que se les alimentara.
Sin casi darnos cuenta pasaron así las 4 semanas y el barco
vino a buscarnos. Sin muchas ganas tuvimos que dejar este maravilloso
trozo de tierra, al que tal vez nunca volveremos, pero de lo que
estoy segura es que nunca olvidaremos lo que vivimos aquí
durante el resto de nuestras vidas."
Un cordial saludo de los investigadores.
Datos
Coordenadas:
72º 50' S
19º 16' WO
Temperatura del agua: -1,0ºC Temperatura del aire: -0,13º C Velocidad del viento: 3,2 metros por segundo (m/s) Velocidad del barco: 11,6 nudos