Una gran parte del
material que hay a bordo del Polastern es para la base alemana de
Neumayer, que se encuentra al norte del continente antártico.
Así que siempre que el barco viaja a la Antártida
hace una escala en la base para dejar unas serie de cosas, entre
las cuales comida, aparatos, recambios, que los habitantes de la
base puedan necesitar para seguir viviendo y trabajando allí.
Este momento se aprovecha mucho, ya que mientras los tripulantes
trabajan en la descarga, los investigadores podemos bajar y visitar
la base y sus alrededores. En esta ocasión nuestra visita
a la base fue muy entretenida. Algunos de nosotros ya la conocían,
mientras que para otros era la primera vez que podían ver
de cerca como se organiza la gente que vive en la Antártida
durante largos períodos. En las fotos que os mandamos podréis
apreciar que, si bien fuera hace mucho frío, el interior
de la base esta perfectamente acondicionado para que sus habitantes
puedan estar a gusto y contar con una organización preparada
por todo tipo de ocasión (como veréis hay hasta un
quirófano por si alguien tiene que ser operado). Durante
nuestra visita tuvimos el gusto de hablar con Uwe Kapieske (bueno,
la verdad es que fue la confirmación de que es cierto de
que vivimos en un mundo pequeño porque resulta que Uwe
y Begonia eran vecinos de piso en Barcelona ) y le pedimos
que pusiera por escrito su experiencia para vosotros. Aquí
tenéis su texto (el original está en alemán).
Como veréis, el tema de la luz es algo recurrente en los
mensajes que nuestros colaboradores nos envían, ya que vivir
en lugares donde se alternan períodos prolongados de luz
y de oscuridad es algo realmente diferente de lo que estamos acostumbrados
a vivir a latitudes mayores. Eso como sabéis, pasa tanto
en la Antártida, como el Ártico, debido a que se encuentran
en los extremos terrestres. Cuando uno está siempre iluminado,
el otro polo vive en la oscuridad más absoluta. ¿Os
podéis imaginar como sería vivir una noche constante?
O al revés, ¿cómo debe ser estar siempre de
día sin tener el estímulo visual que hace que uno
tenga sueño? Justamente por esto, la manera de contar el
pasar del tiempo se basa en otros principios, que no pueden ser
las horas del día y de la noche.
"Hace tiempo que miro fijamente al horizonte y me pregunto
que es lo que lleva a algunos a vivir en el hielo, tan lejos del
mundo habitado. Entonces recuerdo el tiempo en el que me sentaba
con 30º C a la sombra en una playa de Andalucía, con
un libro en la mano: no era ningún libro de exploradores
-como podrían ser Admundsen o Shackleton- sino era una novela
de éxito, "La señorita Smilla y su especial percepción
de la nieve", que estimuló mi curiosidad por el mundo
del hielo, las grandes extensiones y las muy adversas, por lo menos
para el hombre, condiciones climáticas. La verdad es que
aún continúo mirando las páginas de este libro,
y encuentro pasajes, que sólo ahora llego entender de verdad.
Y es que yo también, como alguien lo hace en las tierras
del norte, en Groenlandia, mido las distancias en "sinik"
y "son", cuando hago el recuento de las noches que dura
un viaje. No es ninguna distancia real, de hecho el recuento del
"sinik" puede cambiar con el clima y las épocas
del año. Esta palabra tampoco es un concepto temporal puro,
no es ninguna manera de contar los días y las horas, sino
que es más bien un fenómeno espacio-temporal. La palabra
"sinik" describe la unión entre el espacio, el
movimiento y el tiempo. No existe una palabra comparable en la lengua
cotidiana europea. No podemos ni siquiera imaginarnos un concepto
como éste, porque siempre estamos fuera de casa, nuestro
ritmo de vida hace que estemos siempre en movimiento, para después,
estar absolutamente parados. Realmente, solo ahora empiezo a entender
lo que los esquimales quieren decir con éste concepto.
Estas semanas en el hielo son una pequeña pausa, aunque
para unos de nosotros tal vez no tan pequeñas. Pero en algo
estamos todos de acuerdo: todos esperamos el día en el que
podamos volver a ir hacía los confines del hielo continental,
y experimentar el espacio. La última vez que pude observar
la bahía de Atka, con sus movimientos diarios de los icebergs,
que van y vienen lentamente, fue a finales de mayo. Hace ya mucho
tiempo que no escucho el ruido que proviene de la ruptura de los
bloques de hielo que caen al agua, o los sonidos que producen los
témpanos cuando se tocan los unos a los otros. El movimiento
de las cosas, sobretodo en un paisaje bastante estático que
solo cambia entre ventisca y ventisca, realmente fascina. Uno explora
grandes extensiones de agua en calma, en la búsqueda del
contorno de una ballena, o se queda atento mirando el paisaje, en
la espera de poder escuchar, en la "tierra australis incógnita"
(como hasta hace poco se llamaba a la Antártida), la respiración
de estos enormes mamíferos marinos. Todo esto fue hace unos
cuantos meses, y ahora resulta difícil recordarlo dentro
de un sistema de coordenadas espacio-temporales.
Dejamos atrás la noche polar, que consistió en dos
meses sin sol, aunque de vez en cuanto disfrutamos de luces polares,
cielos claros y estrellados, o la débil luz de la luna, que
nos enseñaba con su claridad el camino hacía la "kabause",
cuando era posible pernoctar allá. Aún así,
a pesar de que el sol resplandezca, muchas veces tenemos que quedarnos
quietos dentro del tubo (así llamamos la base), porque los
vientos periódicos hacen fracasar nuestros intentos de hacer
pequeñas salidas. Las ventiscas reducen la visibilidad a
pocos metros, y la sensación térmica que nos da el
viento transforma temperaturas soportables en valores bajo cero,
que hacen que la temperatura interior de una nevera europea parezca
realmente subtropical."
Un cordial saludo de los investigadores.
Datos
Coordenadas:
67º 14' S
5º 38' E
Temperatura del agua: -0,8ºC Temperatura del aire: -2,5º C Velocidad del viento: 4,1 metros por segundo (m/s)