Generalitat de Catalunya: Departament d'Universitats, Recerca i Societat de la Informació  @    

  Expediciones científicas: El Ártico


[L'antàrtida ]

  Turno 5, mensaje 4 : el Amundsen


Nuestra Twin Otter gira alrededor del Amundsen y enfila la pista de amaraje: un rectángulo de nieve aplastada sobre la banquisa. Me han dicho que con unos 50 cm de hielo hay bastante para estas avionetas y que ahora el espesor es de un metro y medio. Ya se que no debería haber ningún problema, pero mi corazón no lo sabe y late como si el piloto fuera yo, o sea un incompetente. Tocamos el hielo y en un santiamén estamos parados bajo la sombra alargada del rompehielos.

avioneta

Desde el Amundsen nos vienen a buscar a la avioneta

Salgo el primero y mi botas se hunden en la nieve. Bajo las siete capas de las suelas hay un poco de hielo y 250 metros de mar. Me produce una sensación incierta. Una serie de bultos se afanan de un lado al otro para bajar la carga y subir las cosas que deben volver a Inuvik. Todos los bultos llevan o la parca definitiva o la Snow Mantra. El único detalle que los hace humanos son los dos ojitos que me miran envueltos en una especie de chador de polartech. Estas miradas anónimas aumentan mi grado de incertidumbre. Son incluso inquietantes. Los gorros y los pasamontañas están cubiertos de aliento congelado. En algunos se amontonan carámbanos . Y entonces me golpea el frío. Es como si unos pequeños bisturís me estuvieran arrancando la carne de las mejillas. Sin anestesia. No me he abrochado la parca y no me había puesto el pasamontañas. El viento encuentra cualquier pequeño error en nuestra muralla defensiva y penetra con vesania. Hay 35 grados bajo cero. -60 con el factor de corrector del viento. Había olvidado lo frío que puede ser el frío.

Delante de mí está el Amundsen, con la escalerita que baja hacía la banquisa. La parte más baja es muy estrecha y está protegida con rejas para impedir que los osos polares puedan entrar en el barco durante la noche. Mientras subo veo que arriba me espera Oscar. Con su gorra de ruso y su cazadora parece un David Crocket polar. En la barba y el bigote se le han formado pequeños carámbanos. “Esto vale mucho la pena” me dice, mirando el horizonte con una cierta nostalgia. Buena señal, pienso, si a punto de irse ya siente nostalgia.

Oscar me lleva a dar una vuelta por el barco. El Amundsen es un rompehielos de la Guardacostas Canadiense. Tiene 98 metros de eslora y desplaza unas 6000 toneladas. Anclado aquí en medio parece un monstruo embarrancado, que no para de humear por la chimenea para mantenernos calentitos a pesar del Ártico. Lo que más me interesa es el nombre. Hace un año este barco se llamaba Sir John Franklin y estaba a punto de ser desguazado después de veinte años de tareas de ayuda a la navegación por el norte de Canadá. Pero sufrióuna remodelación para convertirlo en un barco de investigación. Se renovaron los motores, los camarotes, los sistemas de comunicación, se instaló un pozo, se habilitaron diversos laboratorios y se les dotó de equipos modernos como ecosondas, robots submarinos y otros juguetes imprescindibles para una campaña científica. Todo esto costó 41 millones de dólares. ¿Que podían hacer los científicos para contentar a los políticos y a las instituciones que lo habían financiado? Pues hacer una gran ceremonia para botarlo como si fuera nuevo y darle otro nombre. Después de muchas peleas se decidió que se llamaría Amundsen. Este cambio me complace, me proporciona un gozo íntimo e intenso. Porque Sir John Franklin y los 128 miembros de su tripulación murieron en 1847, cerca de la isla del Rey Guillermo, unos 1000 Km al este de donde estamos. Mientras que Roald Amundsen cruzó estas aguas de este a oeste hacía el 1903 sin desgracias, completando por primera vez la navegación del Paso del Noroeste.

Carles Pedrós-Alió

el Amundsen

El Amundsen, el monstruo embarrancado

 

Participación a la campaña: Turno 5 (18 febrero - 31 marzo 2004)

 

Fecha última actualización: 18 Junio 2004