Generalitat de Catalunya: Departament d'Universitats, Recerca i Societat de la Informació  @    

  Expediciones científicas: El Ártico


[L'antàrtida ]

  Turno 5, mensaje 6 : El pozo lunar


Casi que no hemos tenido tiempo de instalarnos en los camarotes ni de encontrar los caminos por el barco. Pero hoy ya toca muestreo. Cada seis días hay que tomar muestras para construir una base de datos que seguirá los cambios del ecosistema a lo largo de todo un año. Oscar tomó las últimas muestras de su turno el 14 de febrero. Así que ahora no hay excusas. A las seis y media de la madrugada, Sébastiene y yo estamos en el laboratorio de la roseta. Los dos llevamos las botas con la punta reforzada y el salvavidas. Por alguna razón que desconozco no nos obligan a llevar casco.

Para poder tomar muestras a diferentes profundidades utilizamos un instrumento que se llama “CTD con roseta”. CTD son las iniciales de Conductividad, Temperatura y Profundidad (Depth en inglés), porque son éstas las variables que nuestro aparato mide continuamente a medida que desciende hacia las profundidades. Además de todos los elementos electrónicos necesarios para poder tomar estas medidas, el CTD lleva una “roseta”, que consiste en una corona de 24 cilindros abiertos por arriba y por abajo (denominados botellas Niskin). Estos cilindros bajan así, abiertos, de manera que el agua va pasando por dentro y saliendo por el otro lado. Cuando queremos tomar una muestra, por ejemplo a 2000 metros, paramos el CTD. El agua que en este momento hay dentro de todas las Niskin es justamente la que hay a 2000 m, con todo su plancton. Entonces mandamos una señal electrónica que hace que las dos tapas, la de arriba y la de abajo, cierren una de las botellas. Y ya tenemos el agua de 2000 metros. Solo hace falta que continuemos bajando o subiendo, y nos paremos tantas veces como queramos para recoger muestras de distintas profundidades.

preparando roseta
Woytek preparando el CTD con roseta

CTD con roseta El CTD con roseta iniciando su descenso por el pozo lunar

En conjunto, el CTD y la roseta miden unos dos metros de largo por uno y medio de diámetro y son muy pesados. De modo que hace falta una grúa para ponerlo y sacarlo del agua. Yvan es el marinero que la maneja. Se sienta en un rincón de la sala de la roseta y manipula el joystick con los mismos movimientos de un pianista tocando un apasionado nocturno de Chopin. Observarlo cuando no se da cuenta es todo un espectáculo. Además de Yvan se necesita otra persona que controle la parte electrónica y haga cerrar las botellas. En nuestro caso esto lo hace Nikolai, un ucraniano que vive en Puerto Rico. Nikolai está en el laboratorio de al lado, con todos los ordenadores y da las órdenes a Yvan por radio en inglés:

- ¿Podrías bajar un poco más la roseta, digamos hasta 150 metros, por favor?-
Esta sintaxis tan cortés es demasiado para Yvan, que solamente habla francés
- Pardon?
Nikolai repite sus instrucciones barrocas con otra expresión todavía más meliflua y laberíntica. Yvan nos mira con cara de pánico, sin saber qué hacer. Esta situación se repite durante todo el tiempo que el CTD va bajando, cerrando botellas y subiendo. Finalmente, Sylvain, el supertécnico, dice:
- Nikolai da órdenes simples. Di solo “Sube a 100 metros” Nada más -
Nikolai le mira con cara de sorpresa. Coge el micrófono y dice:
- Sube a 100 metros -
Yvan suspira aliviado. – Entendido - Contesta con una gran sonrisa.

Rápidamente vuelve a manipular el joystick como si fuera el verdadero y único piano de Chopin en Valldemosa. Es la primera vez en mi vida que le veo una ventaja al lenguaje autoritario y abrupto de los militares. Puede que cuando se trate de comunicar una orden precisa con la posibilidad de que haya malentendidos, sea mejor prescindir de la cortesía. Incluso me entra un deseo irresistible de contestar “afirmativo” o “señor, si, señor”. Afortunadamente este deseo no es más que un mareo momentáneo.

sección pozo lunar

Sección del barco mostrando el pozo lunar

 

En todos los barcos, el CTD con roseta se larga por la borda. Pero con 30 grados bajo cero, esto sería completamente imposible. No sabemos qué se congelaría antes, si nosotros o los instrumentos. Por este motivo, en el Amundsen tenemos el “moon pool”. Se trata de un pozo cuadrado de dos por dos metros, que va desde la cubierta principal (unos metros sobre la línea de flotación) hasta la quilla, dejando que por el fondo entre libremente el agua de mar. El CTD se baja por este pozo, de manera que todos estamos protegidos del viento y del frío. El frío está en el aire y en la superficie del hielo. Pero debajo del hielo el agua del mar está a 1.5 grados bajo cero, una temperatura que, desde que he llegé al Amundsen, me parece muy razonable, incluso confortable. En este pozo lunar se produce uno de los hechos más sorprendentes de toda la campaña. Y es que las focas oceladas lo han elegido como respiradero.

 

Son unos animalitos extraordinarios. Pasan casi todo el invierno bajo el hielo, buscando pequeños bacalaos árticos y crustáceos. Pero de vez en cuando deben salir a la superficie para respirar. Claro, hay el pequeño inconveniente de que la superficie tiene un espesor de metro y medio de hielo. Normalmente las focas mantienen el agujero abierto rascando el hielo con los dientes. Estos agujeros son muy pequeños y casi invisibles desde la superficie para no llamar la atención. Noel, el inuvialuit que nos acompaña como observador de la fauna salvaje, me ha dicho que me enseñará a encontrarlos. Se ve que cuando las focas soplan sale un chorro de vapor de agua y se oye el bufido. Esto también lo saben los osos polares, y cuando descubren uno de estos agujeros pueden esperar inmóviles durante horas hasta que la foca vuelva a respirar. Entonces se lanzan con las dos patas por delante para romper el hielo y llevarse la presa. Está claro por qué nuestro pozo lunar resulta tan atractivo para las focas.

pozo lunar

El pozo lunar invadido por focas oceladas
foca feliz

Foca feliz

Mientras Nikolai e Yvan continúan con su dialogo precario, me entretengo mirando estas focas. Es muy tierno ver como suben silenciosamente hasta la superficie, emiten un bufido y se ponen verticales, sacando del agua solamente los ojos y la nariz. Cierran los ojitos y ponen cara de éxtasis mientras inhalan el aire con glotonería. Las narinas se abren y se cierran durante veinte segundos. Entonces hacen una voltereta elegante y desaparecen hacía el fondo del pozo lunar. Hay idas y venidas constantes. En cualquier momento puede que haya cuatro o cinco focas respirando. De hecho, hay una pequeñita, que todavía tiene el pelaje medio blanco, que ha escogido el pozo para hacer la siesta. Se pone muy quieta en una esquinita y cierra los ojos mientras flota beatíficamente. Ayer, Nikolai tuvo que empujarla con un palo para poder bajar el CTD.

Sin embargo, lo más sorprendente de este hecho es que si uno mira al exterior del barco, por encima del hielo tan solo ve una inmensidad blanca. Nadie podría adivinar que bajo este desierto aparente hubiera tanta actividad. No hay que fiarse de las primeras impresiones.


Carles Pedrós-Alió

desierto exterior
El desierto exterior

 

Participación a la campaña: Turno 5 (18 febrero - 31 marzo 2004)

Fecha última actualización: 7 de Septiembre de 2004