Québec, 31 de Marzo, el despertador sonó a las 4 de la madrugada. Marta y yo salimos del Hostal y el taxi nos llevó a la terminal del aeropuerto donde nos esperaban los compañeros de viaje (científicos y tripulación). Muchas caras nuevas y alguna conocida. Hicimos las presentaciones y a las 6 de la mañana subíamos al avión. Y hacia a Inuvit. A medio camino hicimos una parada técnica en Churchill donde repostamos y al cabo de una hora seguimos nuestro camino. Abajo solo había hielo, demasiadas grietas según el comandante del buque que estaba sentado a mi lado.
Al cabo de media hora escasa, el comandante del avión nos comunicó que el tiempo había empeorado mucho y que posiblemente tendríamos de quedarnos en Yellowknife (nunca antes había oído hablar de este lugar). La visibilidad era nula para hacer el último tramo del viaje desde Inuvit hasta la Bahía Franklin, donde se encontraba anclado el Amundsen. Al llegar a Yellowknife, esperamos un par de horas hasta que nos confirmaron que nos quedábamos allí hasta el día siguiente. En el aeropuerto había un diorama que representaba un oso polar cazando una foca, el cual fue muy retratado. Mientras pasábamos el rato en el aeropuerto, aprendimos cosas sobre Yellowknife. Las condiciones climáticas son extremas, y a pesar que sus habitantes están acostumbrados al frío, se observaba una perdida de las costumbres autóctonas para caer en el McDonald. Me sorprendió que un "pueblo" tan remoto (Noroeste del Canadá) fuera una de las ciudades importantes de esta parte del Canadá. Esto se debía a su riqueza: Minas de diamantes, oro y pozos de petróleo.
Cap a Inuvit
Ós a Yellowknife
Teníamos casi 24 libres. Marta y yo salimos a la búsqueda de la Old Town, es decir construcciones de madera que se remontaban a 20-30 años de antigüedad. Por el cielo revoloteaban avionetas particulares o comerciales, por zonas congeladas (lagos) corrían las motos de nieve y por "la carretera" (la única) los coches nos salpicaban. Caminamos, resbalamos, curioseamos, nos paramos a tomar un café, vistamos el monumento al piloto y el museo de la ciudad. Finalmente, el día había pasado volando y esperábamos el día siguiente para saber si llegaríamos a nuestro destino.
Dolors Vaqué
Paisaje a Yellowknife
Caminando por una carretera en Yellowknife
Marta tomando un café en un bar de Yellowknife
El monumento de homenaje al piloto
Participación a la campaña: Turno 6 (1 abril -12 mayo 2004)