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Josep
Monje
EL ARTE DE RECIBIR
El 19 de abril de 1967 se inauguró el restaurante
Via Veneto y, al cabo de los años, Josep Monje ha
conseguido situarlo entre los establecimientos de hostelería
más emblemáticos de Barcelona dándole
un clima de alta distinción al estilo de los restaurantes
más famosos de Europa. Su decoración se enmarca
en las tendencias modernistas o "Belle Époque"
que era el que predominaba en Barcelona durante los primeros
años del siglo XX.
Josep Monje atiende personalmente a sus clientes que, a
menudo, sobre todo al mediodía, son miembros de la
élite social y económica más distinguida,
y con su particular tacto les sugiere los platos más
adecuados a su gusto y al instante irrepetible.
Pero, Josep Monje, que nació en el Pirineo de Lleida
en el año 1943, es hijo de una familia de agricultores.
Se trasladó a Barcelona cuando sólo tenía
doce años y se empleó en la cocina y los comedores
de varios restaurantes, como el Mediterráneo, el
Hotel Sant Bernat del Montseny, Parellada, Avenida Palace,
Milán, Reno... hasta que el 17 de abril de 1967 se
incorporó a la plantilla de Via Veneto. Al cabo de
pocos meses ya era el 3r maître, unos meses después
ya era el 1r maître y, en 1969, obtuvo el cargo de
director del restaurante sin abandonar su función
como maître. Y, finalmente, a mediados de la década
de 1970 compró las primeras acciones de Via Veneto
y en el año 1978 llegó a ser su único
propietario.
Xavier Sust, en una entrevista en Descobrir Cuina, decía
de Josep Monje que "es un personaje sobre todo literario:
durante décadas he leído sobre él una
enorme cantidad de reseñas. Sistemáticamente
laudatorias de su trabajo como impecable maestro de ceremonias
gastronómicas de la alta sociedad barcelonesa".
Salvador Dalí frecuentaba el Via Veneto, y las mejores
operaciones financieras o deportivas se han llevado a cabo
en el restaurante de la calle Ganduxer de Barcelona; la
política y los políticos de antes y los de
ahora se han reunido en Via Veneto para discutir y decidir.
Y todo ello con una impecable discreción de Josep
Monje y de las mujeres y hombres empleados y colaboradores
de Via Veneto que trabajan para que el restaurante se mantenga
en unas elevadas cotas de prestigio. La cocina y los platos,
los vinos y los cavas, que se encuentran almacenados en
la bodega de dos pisos bajo el asfalto urbano, son la parte
más importante del milagro sorprendente de cada día
y de cada noche. Y una carta que varía cuatro veces
al año para adaptarla a la temperatura de las estaciones
y para aprovechar mejor los productos que, por fortuna,
nos da la tierra labrada por el trabajo y el empeño
de nuestros agricultores y el mar que nos baña.
Son bien merecidos, por tanto, los premios que Josep Monje
ha recibido de Michelin, que le ha otorgado una estrella,
de Gourmetour, del Institut Català de la Cuina, de
la Academia Catalana de Gastronomía, de la Generalitat
de Catalunya, entre otros. Pero, para Josep Monje el mejor
reconocimiento es la confianza de los antiguos clientes
y de los que lo visitan por primera vez.
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